Psicología y género: ¿es posible disociarlos?

Psicología y género: ¿es posible disociarlos?
Foto: Tim Gouw

Por Mayte García Zícari

“El Saber es el único espacio de libertad del ser”
Michel Foucault

Cuando somos chicos/as solemos jugar a ser diferentes cosas; bomberos/as, secretario/a, amo/a de casa, bailarín/a etc. Ese juego se va complejizando a medida que vamos creciendo pues socialmente hay profesiones y trabajos que son de mujer y otras de varón.

El género nos condiciona; funciona como uno de los factores estructurales y estructurantes que define la posición social, el reconocimiento y el valor de la práctica de una profesión, por lo que se sostiene el prestigio de la misma vinculado directamente a la remuneración.

Existe también una división del conocimiento la cual implica, a su vez, una asignación por género de los saberes considerados valiosos, abstractos, analíticos, trascendentes, productivos y transformadores frente a los que se consideran cotidianos, repetitivos, alternativos y complementarios. Esta división es sumamente antigua y promueve la asignación de valores culturalmente considerados femeninos a las relaciones sociales y por esa vía a las profesionales. Magisterio, trabajo social, enfermería, psicología, entre otras, no escapan a esta diferenciación que, por lo tanto, generan una diferencia notoria en la cantidad de mujeres que eligen formarse en estas áreas.

A pesar de que cada vez más varones eligen estudiar Psicología, son pocos los que se animan a descubrir esta rama de conocimiento. Si bien el alejamiento de la ciencia ha quedado atrás, y no tanto, la psicología continúa siendo en el colectivo social popular un abordaje alejado de la lógica y la razón, y por ello alejado de lo comprendido socialmente como masculino.

 

 

En mi intercambio personal y profesional con varones que permanecen aún en la academia, todos comparten el mismo sentimiento “cuando entras en una clase, la gente te mira como diciendo ‘Ah, mira llego uno de los poquitos’” Es así que se generan obstáculos que se interponen en la relación persona-conocimiento influyendo en la formación de las mismas. El tránsito educativo termina siendo diferenciado por los prejuicios, mitos, tabúes y por la historicidad de la profesión.

La práctica profesional también se ve afectada por los mandatos de género y por la diferenciación del conocimiento. Desde la postulación para un cargo específico hasta la elección de un/a terapeuta es condicionada por este factor. Muchas veces se entiende y se elige al varón, por el simple hecho de ser varón, y se entiende posee capacidades y habilidades mayormente valoradas.

Me he encontrado, también desde mi práctica, que ante el pedido de personas en búsqueda de un terapeuta varón la justificación es por la empatía o comprensión que puede tener sobre una situación específica, a pesar de que esos procesos sean recién generados cuando las personas se conocen. Estos conceptos viven y toman el carácter de realidad en nuestro imaginario y en nuestra construcción social siendo menos valorada la escucha clínica de la mujer. Podríamos pensar incluso que a nivel popular un varón que sortea todos los obstáculos que promueve el género en la Psicología, es más codiciado y valorado su conocimiento.

Si es verdad que la escucha es diferente… pero no únicamente por el género. Sí, este influye, así como lo hace la etnia, edad, experiencia y vida transcurrida en general. Los factores que nos condicionan a ser diferentes nutren la gran gama de profesionales y estudiantes que hoy formamos el mundo psi.

Es esta diversidad que ha ayudado a que se generen los espacios en los ámbitos de trabajo, y si bien aún queda mucho camino por recorrer derribando las cárceles que nos impone el género, es unidos/as que nos preparamos para transitarlos. Es igualando condiciones y asumiendo que las diferencias son por ser personas y no únicamente por ser varones y mujeres, que podemos validar cada vez más nuestro conocimiento psicológico.

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Bibliografía:

  • Foucault, M. La microfísica del poder.
  • Harding, S. Ciencia y feminismo.
  • Belén Lorente Molina. Género, ciencia y trabajo. Las profesiones feminizadas y las prácticas de cuidado y ayuda social.
  • Belén Lorente Molina Género, profesión y cultura. Una aproximación al estudio de la identidad de los trabajadores sociales
  • Grassi, E. La mujer y la profesión de asistente social. El control de la vida cotidiana.

Mayte García Zícari

Mayte García Zícari

Licenciada en Psicología, egresada de la Universidad de la República, especializada en Educación y Terapia Sexual; vinculada a proyectos educativos de educación formal y no formal de adolescentes y adultos, a través Organizaciones no Gubernamentales y el Ministerio de Educación y Cultura (MEC). Expositora en Jornadas de Educación y Sexualidad. Autora de diversas publicaciones en diferentes medios.
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