Morir por amor

Morir por amor
Ilustración: Laura Sandoval

Por Mayte García Zícari

Cuantas veces nos comimos el cuento de besar sapos o esperar dormidas por un beso del príncipe azul.

Cuantas veces crecimos, jugando inocentes, con que el amor tiene que ser incondicional, estar frente a todo, tolerarlo todo. Que es eterno y  se presenta en una sola persona.

Cuantas veces nos pintaron relaciones machistas y heterocentradas, que a pesar de no hacernos felices, tenemos el mandato de acatar.

Cuantas veces vendieron nuestra imagen y utilizaron nuestro cuerpo en pos del amor y que solo promovió desigualdad.

Cuando empezamos a confiar en que alguien más podía administrar nuestro dinero, nuestro patrimonio.

Cuando comenzamos a ver el control como cuidado y cariño hacia nuestra persona.

Cuando fue que nos excedimos en culpa que sirvió para justificar una puteada, una piña o algo más.

Cuantas veces fuimos víctimas de violencia desdibujada por falso amor.

Cuando fue el momento en que dejamos de enseñarnos lo que verdaderamente es el amor. Ese amor sano y libre, que honra la diversidad de todas las personas, de toda la raza humana. Que respeta y pone límites, que se presenta en diferentes formas, hechos y situaciones rebelándose frente a las normativas de nuestra sociedad.

En qué momento de la historia de la humanidad confundimos el amor con la violencia; no me parece una mera casualidad. Seguramente fue producto de un mecanismo de control, de un acto político, (anti) ético; seguramente fue puesto al servicio de una “mejora” social, cultural e incluso económica. Seguramente fueron y somos muchxs lxs responsables.

Claro que cargar culpas no aporta en el proceso de desnaturalización de algunas prácticas, la construcción de subjetividades saludables es un hábito a ejercitar diariamente.

La construcción del amor también empieza por la educación; por un lenguaje inclusivo por diversos finales posibles para los cuentos de hadas. Por comprender que los mandatos y mitos también se puede desafiar y que los modelos se pueden armar una y otra vez, sin tener que ser definitivos nunca. Que estamos en permanente construcción y por ende el amor también lo está.

Y a pesar de estar en permanente cambio, formándose todo el tiempo, el amor nunca es violencia; nunca es maltrato ni abuso, nunca es control, nunca son celos, nunca es asesinato. Nunca pero nunca es feminicidio.

Mayte García Zícari

Mayte García Zícari

Licenciada en Psicología, egresada de la Universidad de la República, especializada en Educación y Terapia Sexual; vinculada a proyectos educativos de educación formal y no formal de adolescentes y adultos, a través Organizaciones no Gubernamentales y el Ministerio de Educación y Cultura (MEC). Expositora en Jornadas de Educación y Sexualidad. Autora de diversas publicaciones en diferentes medios.
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