“El cambio es micropolítico”: Gabriela Etcheverry

El cambio es micropolítico
Foto: Alejandro Olivera

Por Alejandro Olivera

Gabriela Etcheverry es Licenciada en Psicología desde 1988 y Operador Grupal por el Centro de Investigación, Formación y Asistencia en Psicología Social “Enrique Pichón- Rivière” desde 1989. Actualmente es la  Encargada de la Unidad Curricular de Psicología Social en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República. Ha participado como expositora en distintos congresos y colaborado con capítulos y artículos en distintas publicaciones vinculadas a la Psicología Social. Asimismo ha llevado a cabo varias investigaciones que tienen como factor común una pertinencia social innegable. Compagina a su vez el trabajo académico con la clínica privada, la supervisión y coordinación de grupos.

Oriunda de Tacuarembó, llegó a la capital con la convicción de convertirse en Psicóloga (a pesar de todos los sapos que tuviese que destripar). Con ella conversamos acerca del trayecto que recorrió dentro y fuera de la facultad. Del porque se inclinó por la psicología social. De la importancia de pensar en movimiento entre rizomas, micropolítica y genealogías. Del porque alejarse del pensamiento único y de las convicciones que se manifiesten como banderas que portemos de forma incondicional y acrítica.

A- ¿Recuerdas cuándo decidiste estudiar psicología?

G- Yo decidí estudiar psicología cuando estaba en el liceo. Hice el liceo en una etapa compleja en plena dictadura, lo hice entre el ‘77 y el ‘82. Yo siempre tuve intereses, en principio en las letras, y después con las cuestiones referidas con las preguntas más filosóficas, ese tipo de cuestiones. También siempre tuve como un interés exploratorio, yo siempre cuento a la gente que me rodea que cuando yo era chiquita me encantaba leer literatura de exploración, de detectives, de Agatha Christie, incluso en algún momento estuve pensando en estudiar antropología o arqueología. Yo estaba interesada en esas cosas. Tuve una pequeña inclinación por las matemáticas en mis primeros años liceales pero la desestimé enseguida porque las letras me encantaban. Siempre me gustó mucho leer y cuando terminé quinto de liceo, ya haciendo humanístico en aquella época, tuve una profesora de filosofía muy interesante que me trasmitió las cuestiones principales del psicoanálisis y me encanté. Ahí me encanté y entendí que era eso lo que tenía que estudiar. Termine el liceo, era buena alumna en aquella época, y me inscribí en la Facultad, tuve que dar la prueba de ingreso, y con dieciocho años me vine a Montevideo a estudiar psicología.

A– ¿De dónde viniste?

G- Yo venía de Tacuarembó. Nací acá pero viví toda mi niñez y mi adolescencia en Tacuarembó. Así que fue una experiencia de despegue, de generar autonomía, de mi casa, de mi madre sobre todo; yo no sabía nada de la vida, del mundo, nada, así que me vine a ver un poco como era. Mi madre me acompañó a dar la prueba de ingreso, que me fue muy bien y un poco así fue como comencé.

A- ¿Entraste en el ´83 y te recibiste en el ´88?

G- Me recibí en el ´88 porque sobre el final me costó bastante. Tuve que dar tres veces mi último examen, entiendo que hubo una mezcla de cosas; yo era muy gurisa, y enfrentarme al mundo de la profesión me parece que me complicaba un poco. Había empezado psicoterapia, pero evidentemente se ve que había cosas que no podía; además tuve un mal encuentro con los docentes de la materia que tenía que dar el examen. La primera vez creo que lo perdí bien porque ese mismo día tuve dos exámenes, una locura; la segunda vez lo perdí “entreverada”, había estudiado muchísimo y lo perdí entreverada y la tercera vez me tocó darlo justo el día de mi cumpleaños, me lo tomó un docente al que yo recuerdo con mucho aprecio porque me hizo una única pregunta y yo aprobé y me recibí. Como muy fácil fue el examen. Eso fue el 26 de marzo del ´88.

A- ¿Es cierto que durante la carrera destripaban sapos?

G- Sí, destripábamos sapos (risas). Yo siempre les tuve fobia a los sapos, no la he podido resolver todavía. Claro, en primero y en segundo fíjate que fue en el ´83 y el ´84 lo que es ahora el local del C.I.C-P (1), era un lugar donde nosotros teníamos prácticos. Teníamos una materia que se llamaba Psicofisiología que tenía una orientación completamente comportamental conductista de la pura y dura. Ellos, por ejemplo, nos enseñaban a estimular los nervios de los sapos para que se le moviera tal parte o tal otra. Yo traté de faltar a esos prácticos porque siempre les tuve pavor a  los sapos. Era con sapos, con ratas, con ese tipo de cuestiones; y después la otra psicología que se daba era la psicología diferencial que trabajaba mucho sobre los biotipos. Había una materia que era Métodos en Psicología, había una especie de Epistemología que era muy muy básica, también había estadística, en fin, era un espanto la carrera en primero y en segundo. En tercero me cambió el mundo porque estamos hablando del año ´85.

A- ¿Cómo fueron los pasos después de obtener el grado?

G- Fíjate que yo, como te dije, me vine de Tacuarembó siendo una chiquilina. Empecé la facultad con 18 años sin saber nada del mundo y cuando terminé la carrera ya sabía un poco más pero igual era muy gurisa. Recién había empezado a trabajar, trabajé un par de años en una fábrica, tenía una pareja estable con la que me había ido a vivir, pero igual yo sentía que no sabía nada. Algo muy bueno en ese momento fue que yo tenía una gran amiga que trabajaba en una policlínica autogestiva en La Teja. Ya que yo debía un examen y no me podía recibir, ella me invitó a trabajar en esa policlínica, en una época donde eso ya estaba un poco más legitimado; comencé a atender con ella pacientes y le fui perdiendo el miedo, así fue como me animé, fui y salvé el examen.

A- ¿Y la inclinación por la Psicología Social?

G- La inclinación por la Psicología Social se me despertó en el ´85, con el regreso de la democracia todas las materias cambiaron de profesores y yo tuve ahí un primer encuentro con la Psicología Pichoniana(2). Tuve una gran docente, que fue también decana, Silvia Castro, una persona que me marcó en una gran cantidad de sentidos. Ella nos trasmitió, en una materia que se llamaba “Equipos Multidisciplinarios”, el gusto por la perspectiva pichoniana. En aquel momento, además, era comunista, yo entendía que el mundo se cambiaba a través de la psicología pero veía la práctica del psicoanálisis como muy elitista. Más allá de lo interesante que me parecía la teoría (te estoy hablando de cuando tenía veinte años) me parecía que había que cambiar al mundo, que los psicólogos podíamos hacerlo y que una manera de hacerlo era a través de la práctica de la Psicología Social. Empecé mi formación privada en el ´86 en Psicología Grupal, desde la perspectiva de Pichón, en el C.I.F.A.  (Centro de Investigación, Formación y Asistencia Enrique Pichón Rivière) donde hice una formación de unos cuantos años en observación y coordinación de grupos. Era un buen lugar, aprendí una cantidad.

A- ¿Qué cargos has desempeñado en la Facultad desde que te recibiste?

G-  A decir verdad empecé a trabajar antes de recibirme, ya que en el encuentro con Silvia Castro se abre la Cátedra y se hace una designación de docentes y estudiantes avanzados para trabajar como colaboradores honorarios. Ingresamos un grupo de personas a observar grupos operativos en la enseñanza. Así que yo empecé en el ´86 y nunca más me fui. Tuve un pasaje también por psicología infantil, también estuve en Equipos Multidisciplinarios 2, la cual era una materia que tenía un corte más institucionalista, ahí me vinculé con otra gente que anda todavía en la vuelta como Joaquín Rodríguez Nebot (3) por ejemplo; aprendí mucho de él y de la que era su esposa en aquel momento. Ahí me metí en el mundo más del institucionalismo y después en el año ´90 gane mi primer llamado como grado 1. En síntesis, entre en el ´86 como colaboradora honoraria, después fui adscripta honoraria que era un cargo de supuesta mayor jerarquía -por supuesto que no cobrábamos un peso- y al final nunca me fui.

A- ¿Toda esa actividad la ibas compaginando con otras cosas?

G- Sí, siempre repartí mi trabajo entre lo público y lo privado. En lo público he sido docente, de cuestiones más que nada teóricas pero también he sido docente de servicios, eso siempre me hizo estar con un pié en la práctica. Dentro de los servicios siempre trabajé en el terreno de la clínica grupal, eso me produjo una formación que es impresionante porque hace muchos años que yo trabajo en clínica grupal y eso genera un soporte que el solo contacto con los libros no lo produce. El trabajar en terreno ha estado buenísimo. En la práctica privada yo estuve en esa misma policlínica a la que me llevó mi amiga trabajando desde el ’87 hasta el ´94, cuando me quedé embarazada de mi segundo hijo. Fue ahí donde tuve un contacto de lo más diverso, todo lo que te puedas imaginar, desde niños, adolescentes, adultos, parejas, familias, de todo. Eso me llevó a estar muy apasionada por la clínica particular, que fue en lo que finalmente terminó derivando ya que luego me fui y armé un consultorio. También tuve largos años de experiencia con jardines de infantes, porque la institución educativa siempre me interesó mucho,  así que estuve muchos años trabajando en jardines; eso a veces hace que la gente se confunda entre mi persona y Gabriela Etchebehere (4) que es una docente que tiene una especialización en jardines de infantes. Estuve trabajando como muchos psicólogos en los jardines, con la maestra, con los niños, con las familias, haciendo talleres. Después estuve también trabajando unos años en formación de docentes a nivel privado que estuvo bien interesante. Así fueron pasando los años hasta que me doy cuenta de que no puedo seguir con todo y decido dejar esa parte del trabajo, dedicarme solamente a la Facultad y a la clínica particular. Tuve un periodo de pasaje por el Centro Félix Guattari cuando se fundó, fui parte de la fundación donde me conecté con la posibilidad de supervisar también, y a partir de ahí armé unos grupos de supervisión que duran hasta hoy. Me gusta mucho el trabajo, aunque más que supervisión es una co-visión o una interconsulta.

A- ¿Estás en un proceso de tesis también?

G- Si, estoy haciendo una tesis que en principio se llamaría “Grupalidades en Enfermería” se deriva de una intervención institucional que estuvimos haciendo y que nos permitió entrar al Hospital Pereira Rossell a trabajar con los enfermeros. Ahí me interesó mucho un dispositivo de trabajo que instrumentamos que fue un dispositivo grupal, y estoy tratando de pensar y escribir sobre eso, sobre ese dispositivo grupal en el marco de la enfermería hospitalaria. Todavía sigo trabajando en el Hospital pero en otro marco, no en la enfermería sino con las cuidadoras hospitalarias, porque es una temática que me interesa mucho: la hospitalaria y los trabajadores.

 

 

A- Una de las cosas que me llamó la atención con respecto al programa de Psicología Social es el énfasis que hacen más que en la teoría en los procesos de pensamiento, en cómo se llega a lo que se llega. ¿Por qué ese énfasis?

G- E tiene directamente que ver con lo que es la perspectiva de la psicología social. Hay quienes entienden que la psicología social es una corriente de pensamiento, otros que es una teoría. Para nosotros -porque yo no puedo hablar solamente por mí- es mucho más que una corriente, es mucho más que una teoría, es una perspectiva de pensamiento, que básicamente es una perspectiva crítica de pensamiento, eso implica que uno puede utilizar muchas referencias teóricas, muchas técnicas y utilizarlas instrumentalmente. Eso es lo que importa para esta psicología social de la que formamos parte, implica una amplitud en el pensamiento, por eso también viene de la mano de la idea de campo de problemas. Por ejemplo, como dice Ana María Fernández (5) en algún texto donde ella plantea que tiene un estar psicoanalista, si, en algunas circunstancias uno puede tener un estar psicoanalista, puede convertirse en un psicoanalista en ese momento, contextualmente, pero eso no quiere decir que uno esté siempre en ese campo de trabajo. Desde nuestra perspectiva se tiene que utilizar instrumentalmente el psicoanálisis como cualquier otra corriente más que sostener una adhesión incondicional y acrítica en el sentido de que: “ah tengo esta camiseta.”

A- Sí. Esto que decís tiene que ver también con la resistencia al pensamiento único y el poder pensar en problemas. ¿Te da otras perspectivas esto?

G- Te da otras perspectivas sí, porque vos ahí aprendes a transitar sabiendo que nada está establecido de una vez y para siempre, sino que es imprescindible ir moviéndose, ir aprendiendo otras cosas, ir corriéndose de lugar. Eso está buenísimo, porque si no sería: “yo llevo esta bandera y punto.”

A- Moviéndose en esos parámetros: ¿El asunto de la verdad cómo se maneja?

G- Sí, se pone en cuestión totalmente. Existe un trabajo que yo hice sobre epistemología, en el marco de la maestría, en la que trabaje el problema de la verdad, sobre todo desde la perspectiva nietzscheana. Me apoye mucho en los textos de Nietzsche y, claro, ese es un problema que tiene mucha vigencia. Las puja por: ¿Quién tiene la verdad, cual es la verdad, hay una verdad, hay una verdad revelada a la cual uno tenga que adherirse, o se construyen verdades de manera contextual, situacional? Es un problema importante todavía.

A- ¿Para trabajar sobre esto, algo que usan mucho son los conceptos de elucidar, deconstruir y la genealogía, no es así?

G- Sí, eso lo plantea Ana María Fernández en un texto que se llama “Notas para la constitución de un campo de problemas de la subjetividad” (6) donde ella plantea esas tres herramientas de la crítica y que componen la caja de herramientas, no son los únicos, cabe destacar, ya que la caja de herramientas también es inmanente, también se va produciendo con el tiempo. Justo este año que paso estuve haciendo un seminario vía teleconferencia con la Universidad Xochimilco (7) sobre el pensamiento de Castoriadis y comprendí algunas cosas del elucidar que Ana María Fernández ahí traduce y es realmente interesante. Con Derrida todavía tengo un poco de distancia, he leído cosas, por supuesto, me animo a trasmitir alguna, pero no es un autor que yo haya estudiado en profundidad. Pero sí, son tres herramientas súper interesantes para el pensamiento crítico.

A- Te leo un fragmento de algo que has escrito: “La crítica implica un despojarse de la censura y en ese sentido pensar ya es criticar. Esta idea tiene un soporte ético y político pues conlleva la pregunta por el uso social del conocimiento. El conocimiento se va produciendo y al mismo tiempo se van produciendo recursos de poder. Entonces la pregunta sería: ¿Poder para qué? Y tal vez una respuesta posible sea para producir actos de enunciación, actos políticos.”(8) ¿Por qué consideras que un acto de enunciación es un acto político?

G- Porque la condición de la enunciación tiene que ver con la política, que es muy diferente de la condición de la repetición. Justo ahora estaba corrigiendo un trabajo final de grado en el que un estudiante trabaja sobre el tema del dispositivo. Deleuze y Foucault trabajan sobre el tema del dispositivo y exponen que el dispositivo genera condiciones para la enunciación. Es decir, que a partir de un cierto dispositivo uno puede ser capaz de tomar la voz y decir. No decir en términos de “repito lo que alguien dijo” sino en el sentido de que construyo algo nuevo, digo algo, denuncio también. La enunciación y la denuncia tienen una conexión, no quiero decir que sean lo mismo pero tienen una conexión y por eso es un acto político. Político en el sentido de lo que está asociado con lo público, con lo puesto en el medio, con la condición transformadora y con la condición de ejercer poder. No poder autoritario, despótico, sino ese poder que va tramado en todo lo que son las relaciones sociales.

A- Por ese lado se puede asociar esto con lo que decías al principio de la  posibilidad de cambiar el mundo, aunque sea muy gradual.

G- Yo te diría que no es gradual, que ahora yo entiendo que el cambio es micropolítico. Porque en aquel momento yo era comunista, fui afiliada un tiempo y tenía una convicción pero que al mismo tiempo era una creencia. ¿Has visto cuando sostenes una cosa porque necesitas una pertenencia, porque necesitas un soporte, porque necesitas decir soy tal cosa? Después, con los años, con las lecturas y las experiencias, entendí que ese ser comunista no coincidía para nada con como venía mi vida. Además de todo lo que pasaba en el mundo; se veían los restos del Stalinismo, los restos de ciertas formas despóticas del ejercicio del poder, del ejercicio del comunismo, sumado a la caída del muro, etc. Entonces justo ahí me encontré con estos otros autores que plantean la transformación micropolítica, la transformación más molecular, la transformación de las prácticas, y me pareció mucho mejor esta manera que aquella otra que era de un pensamiento único. El pensamiento desde lo micropolítico no implica la afiliación indiscriminada y acrítica a una idea sino que implica ir produciendo las transformaciones sobre el día a día. Yo por ejemplo, a propósito de esto, estoy trabajando con las cuidadoras hospitalarias, ellas son funcionarias de ASSE y cuidan a los niños que, o han sido abandonados, o que los padres o madres no pueden cuidar por algún motivo, o que tienen procesos judiciales. Estas cuidadoras tienen en su trabajo la idea de que ellas tienen que cambiar a los niños, deben sanarlos, deben curarlos. La mayoría de los niños que cuidan no son niños que tengan enfermedades, sino que son niños con otro tipo de situación, más sociales, más afectadas desde lo afectivo. Nosotros siempre trabajamos con ellas esta cuestión que es bien micropolítica; si tú un día estás cuatro horas con un niño y en esas cuatro horas jugas, lo escuchas, lo entiendes, conversas, generas ahí una acción micropolítica. No sabemos cuál va a ser lo que derive de eso, pero eso ya tiene que ser concebido como algo del orden de lo transformador. No quiere decir que le cambien radicalmente la vida, quiere decir que en esas cuatro horas algo pasa. Que seguramente es bueno, para el  niño y para la cuidadora.

 A- Sí, tiene que ver con lo que decía Guattari (9) sobre la revolución molecular.  ¿Podrás profundizar un poco más al respecto de la revolución molecular?

G- Está bastante bien explicado en las “Las tres ecologías” (10) donde él hace su propuesta ecológica y plantea que la ecología tiene el plano de medioambiental, de lo social y de lo mental. Esto tiene que ver con la posibilidad de transformar las prácticas: las prácticas sociales, las prácticas cotidianas. No pensar; “bueno voy a cambiar al mundo y rompo todo y cambio todo” sino como en las prácticas, en las relaciones más cuerpo a cuerpo se puede ir cambiando las maneras de existencia para que estas formas de existencias que tenemos las personas sean más cordiales con nosotros mismos, con los demás, con la naturaleza. Aquí lo fundamental es el encuentro.

A- Hablando del encuentro voy a leerte un fragmento de algo más que escribiste: “¿Qué es un encuentro? Es la producción de un campo de intensidad que va a generar efectos en los cuerpos. Malos encuentros disminuirán las potencias en tanto buenos encuentros harán posibles pasiones alegres, esas que aumentan las potencias. Una suerte de interacción que va a ser posible que algo pase.” (11). Una de las cosas que me llamo la atención es que mucho del contenido, no solo del curso de Psicología Social sino en general en la facultad, es que tiene un sustrato “Spinoziano” importante.

G- Sí, hay. Pero yo no estoy tan de acuerdo contigo que sea una línea con tanta fuerza dentro de la facultad. Capaz que tiene que ver con tu propio interés y como vos escuchas. Hace un tiempo, en un momento que tuve como un flash, me vino el recuerdo que en el liceo una profesora de literatura hablo de Spinoza, Él era un viejo en aquella época para mí, pero luego fui recapitulando, releyendo, y reencontrándome con Spinoza a través de otros autores. Por qué no fue que a mí se me “ocurrió ir a leer a Spinoza”, a mí se me ocurre leerlo porque leo a Deleuze (12). Realmente, el pensamiento de Spinoza tiene una potencia muy fuerte, es como el pensamiento nietzscheano, es impresionante. Para mí es impresionante. Es interesantísimo todo lo que se puede recuperar de ahí. Sobre Spinoza hay un libro de Deleuze que se llama “En medio de Spinoza” de editorial Cactus (13) que no tiene desperdicio. Es una clase donde Deleuze habla, lo graban, lo desgraban e imprimen el libro. Está buenísimo.

A- Hace un rato decías que el trabajo con grupos te ha dejado mucho. ¿Te ha ayudado a entender mejor los procesos de formación de subjetividad? Porque a mí me pasa y he escuchado a muchos compañeros que le pasa lo mismo que escuchamos de procesos de formación de subjetividad y eso queda como colgado, un poco indefinido. ¿Cómo es posible lo individual a partir de lo social?

G- Definirlo es una tarea ardua. Tiene que ver con las formas en que los sujetos humanos vamos construyendo el pensar, el vivir, el sentir, el relacionarnos. De alguna manera uno siempre puede reconocer construcciones subjetivas en determinadas cuestiones, en determinadas formas. Por ejemplo, en el contingente de estudiantes: yo hace veinte y pico de años que soy docente, veo muchos colectivos de estudiantes, uno puede distinguir modulaciones de la subjetividad generacionales que tienen que ver con procesos que son sociales.  En cuanto a lo individual que decías, te tengo que corregir, porque para mí la idea de individuo es, a mí gusto y para la de algunos autores, un concepto perimido. Es una idea de singularidad la que manejamos, si nosotros nos centramos en la idea de individuo tenemos que entender que el sujeto humano, fulano de tal, tiene una esencia, incambiada, única y permanente y en realidad la idea de singularidad implica que en los encuentros uno se transforma. Yo no podría decir que soy la misma en clase, en el consultorio, en la relación con mi hijo, con mi pareja, cuando voy a un recital, cuando voy al cine, soy distinta en cada una de esas instancias. ¿Cómo se ve la producción de subjetividad en un sujeto humano? lo ves en sus prácticas básicamente, lo ves en cómo piensa, cómo siente, cómo se relaciona, en las cosas que hace, en las decisiones que toma, en eso se ve la formación de subjetividad. Hay un pivoteo constante entre lo social y lo que sería más singular. ¿Cuál es la diferencia entre lo social y lo singular? No hay diferencia. Nos vamos plegando, somos todos diferentes porque transitamos por cosas más o menos parecidas pero de distinta manera.

A- En general prima una lógica binaria, afuera-adentro, social-singular y de repente no es la forma de pensar las cosas. La pregunta que te hacía antes estaba un poco contaminada por eso me parece.

G- Habría que tratar de desmontar los binarismos, para eso el capítulo sobre los pliegues adentro del pensamiento que escribe Deleuze en el libro que se llama “Foucault” (14), está buenísimo porque él habla ahí de ciertos pliegues históricos. Por ejemplo, el cristianismo es un pliegue, es decir, todos quienes hemos vivido en sociedades que tienen un borde o una impronta cristiana tenemos algo de cristiano, aunque no queramos. ¿Quién soy yo en este momento histórico? Yo pienso que no hay diferencia entre lo singular y lo social, si estamos compuestos por un pliegue todo lo social lo tenemos en nuestras maneras. Inclusive en lo que son las trasformaciones biológicas, fisiológicas, de nosotros como sujetos humanos, son sociales. Por ejemplo, la prevalencia de ciertas enfermedades, ciertas formas que adopta nuestro cuerpo, esas son cuestiones sociales. Eso no excluye ciertas determinaciones familiares, pero la familia tampoco es una célula aislada, la familia también está transversalizada por lo social.

A- Sí, ahora que decías todo eso de que en realidad nada es independiente de nada, me venía a la mente la figura del rizoma.

G—Sí (risas) que conectado. Bueno sí, el rizoma es una especie de forma de concebir las cosas que para mí es muy útil. Una forma de pensar que implica esto de las conexiones múltiples y que podrían ser infinitas, más allá de que bueno, uno después le busca un borde y dice: “hasta aquí.” Ahí en ese recorte hay un campo de trabajo que se va construyendo.

A- Buenísima la charla Gabriela, te agradezco mucho por el tiempo.

G- No, gracias a vos.

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Notas:

  1.  C.I.C-P Centro de Investigación Clínica en Psicología y Procesos Psicosociales de Pequeña Escala. Mercedes 1737. http://www.cicp.psico.edu.uy/
  2. Enrique Pichón Riviere. (1907-1977) Fue un médico psiquiatra suizo, nacionalizado argentino. Fue psicoanalista y pionero de la psicología social en Latinoamérica. http://www.psico.edu.uy/sites/default/files/cursos/int-teorias_enrique.pdf
  3. Joaquín Rodríguez Nebot. Licenciado en Psicología UDELAR-. Psicólogo Social (Buenos Aires). Psicoterapeuta. Miembro y Director Académico del Taller de Análisis Institucional y Grupo Operativo (TAIGO) (México/ Uruguay 1983-1995). Docente de FUNDARED-Argentina. Autor de los libros: “Multiplicidad y Subjetividad”, “En la Frontera” , “Clínica Móvil: El Socioanálisis y la Red”,  “Clínica y Subjetividad”, compilador de “Técnicas Psicoterapéuticas .Abordajes Polisémicos”. http://www.psico.edu.uy/sites/default/files/breve-cvjoaquin_rodriguez_nebot.pdf
  4. Gabriela Etchebehere. Actualmente se desempeña como docente de alta dedicación en la Facultad de Psicología de la UdelaR. Profesora Agregada, del Instituto de Psicología, Educación y Desarrollo Humano en el Programa Primera Infancia y Educación Inicial. http://eva.psico.edu.uy/user/profile.php?id=8979
  5. Ana María Fernández. Psicóloga Social argentina contemporánea: http://www.anamfernandez.com.ar/
  6. Ana María Fernández: “Notas para la constitución de un campo de problemas de la subjetividad” Reseña del artículo: http://www.psi.uba.ar/docentes_graduados.php?var=investigaciones/revistas/investigaciones/indice/resumen.php&id=252&anio=2&vol=3
  7. Universidad Xochimilco: http://www.xoc.uam.mx/
  8. Texto: “Esbozando ideas acerca de la docencia universitaria en psicología social”, (2009) en Etcheverry, G. y Protesoni, A. (comp.) Derivas de la Psicología Social Universitaria. Montevideo, Ediciones Levy.
  9. Félix Guattari (1930-1992). Psicoanalista y filósofo francés. Reseña biográfica: http://psicopsi.com/Biografia-Guattari-Felix-1930-1992.asp
  10. Félix Guattari “Las tres ecologías.” Reseña: http://www.geo.puc.cl/html/revista/PDF/RGNG_N33/art11.pdf
  11. Texto: “Esbozando ideas acerca de la docencia universitaria en psicología social”, (2009) en Etcheverry, G. y Protesoni, A. (comp.) Derivas de la Psicología Social Universitaria. Montevideo, Ediciones Levy.
  12. Deleuze, Gilles (1925-1995). Filósofo francés, considerado entre los más importantes e influyentes del siglo XX. http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1639
  13. Libro: “En medio de Spinoza.” Gilles Deleuze. Editorial Cactus. Reseña: http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1639
  14. Libro: “Foucault.”  Gilles Deleuze. Artículo sobre “Los pliegues o los adentros del pensamiento (subjetivación)” del citado libro: http://luisroca13.blogspot.com/2013/02/deleuze-y-foucault-la-sociedad-de-los.html

Alejandro Olivera

Alejandro Olivera

Estudiante de Psicología y Filosofía, en el termo tengo tres pegotines: uno de Spinoza, uno de Freud y otro de 13 a 0 que paseo entre las dos -cantinas- bibliotecas de tan honorables casas de estudios.
Alejandro Olivera

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  1. Gabriela es una genia, docente como pocas.
    Tremendo encuentro y sobre todo muy inspirador.
    Dan ganas de ponerse a leer y de re pensar todo lo que hacemos, sobre todo para los que tenemos la oportunidad de trabajar con grupos de personas y que intentamos lograr cambios en ellos.
    Muchas gracias por la nota

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