Depresión en la infancia: herramientas para su identificación oportuna

Depresión en la infancia: herramientas para su identificación oportuna
Foto: Blake Campbell

Por Andrea Coppola Zicari

Existe en el imaginario de los adultos la visión de la infancia como “la edad dorada”, sin embargo cada vez más se identifican indicadores de depresión en los niños; tanto en lactantes como en preescolares y escolares.

Actualmente es muy difícil hablar de cuántos niños en el Uruguay presentan depresión ya que las consultas específicamente por este tema son muy escasas, y no necesariamente son por inferencia de depresión.

En relación a lo anteriormente expuesto se destaca que no hay datos numéricos de qué pasa en la lactancia en relación al tema. Pero sí sabemos que a medida que avanzan las etapas evolutivas aumenta el porcentaje de la misma.

Cómo darnos cuenta cuando un lactante podría estar cursando un proceso depresivo:

  • Cuando se evidencia apatía; se observa a un bebé desinteresado en el vínculo con adultos u otros referentes y además se presenta quieto, con escasa movilidad, interactúa poco con los demás.
  • Cuando presenta inhibición motriz; dificultades en adquirir movimientos esperados para la etapa en que se encuentra.
  • Su crecimiento y peso es menor al esperado, con dificultades en la alimentación y tiene llanto frecuente.

Este cuadro se lo asocia a la pérdida de la figura de apego primaria (la madre) y que no haya aparecido un sustituto adecuado, o pérdida por ausencia emocional (cuando la madre no sostiene emocionalmente al bebé). También se lo asocia a una disfunción en la interacción madre-bebé (ausencia de capacidad de respuesta adecuada).

Cómo darnos cuenta cuando un preescolar podría estar cursando un proceso depresivo:

  • Cuando vemos que el niño presenta su cara y aspecto general de tristeza
  • Cuando se lo observa con trastornos en el sueño, en más (que duerme demasiado) o en menos (que duerme pocas horas).
  • Cuando existe un trastorno en la alimentación; come demasiado o le cuesta comer.
  • Cuando estamos frente a niños que fácilmente se cansan o se aburren.
  • Cuando se los ve desinteresados (apatía) o con hiperactividad (no dejan de moverse y estar en actividad)
  • Cuando no les gusta jugar o tienen dificultades para relacionarse con otros niños.

Cómo darnos cuenta cuando un escolar podría estar cursando un proceso depresivo:

  • Cuando vemos que el niño presenta su cara y aspecto de tristeza persistente.
  • Dificultades en experimentar placer.
  • Desesperanza, pesimismo; son niños negativos.
  • Pasividad; les cuesta expresar lo que quieren y todo les da igual.
  • Disminución del rendimiento escolar (es más frecuente que lleguen a la consulta por este tema).
  • Aburrimiento frecuente.
  • Quejas físicas (dolores manifiestos)
  • Cuando padecen frecuentes accidentes y lesiones corporales debido a los mismos
  • Irritabilidad, mal humor, se enojan con frecuencia.
  • No aceptan fácilmente las propuestas que la vida les ofrece.
  • También se distraen a menudo.

Se pueden clasificar los siguientes grupos de riesgo:

  • Cuando nos encontramos con niños que presentan cefaleas inmotivadas (frecuentes dolores de cabeza)
  • Niños internados por diferentes motivos; accidentes, enfermedades, intervenciones quirúrgicas.
  • Niños con dificultades de aprendizaje; dislexia, con un descenso de su rendimiento escolar.
  • Niños que presentan un trastorno del humor; fácilmente pasan del llanto a la risa y a la inversa.
  • Niños víctimas de situaciones traumáticas; duelos, mal trato, pérdidas significativas, separaciones.
  • Es importante diferenciar la tristeza frente a una situación determinada de la depresión (sostenida en un tiempo considerable sin mejoría).

 

 

¿De dónde proviene su origen?

El mismo es multicausal; puede asociarse a un componente biológico, a una alteración en los neurotransmisores, sin descartar la posibilidad de que sea hereditaria (que alguno de sus padres o familiares sean depresivos).

También se asocian a causas psicológicas, familiares y sociales; patrones negativos de pensamiento, funcionamiento familiar de riesgo (mal trato físico, sexual o emocional), adicciones, alcoholismo instalados en la misma.

Por último es frecuente encontrar niños con diagnóstico de depresión cuando forman parte de familias “sordas emocionalmente” o “mudas emocionalmente”, con grandes dificultades en la comunicación, que no logran captar al niño real que tienen, no lo aceptan tal cual es y realizan exigencias desmedidas o se manejan con parámetros de idealización, comparación y desestimación de las conductas del niño.

¿Cómo sería el tratamiento?

Primero que nada es fundamental lograr una consulta oportuna con profesional especializado y así lograr un psicodiagnóstico clínico realizado por un profesional capacitado en la temática; Psicólogo con especialización en niños.

Muchas veces el abordaje es multidisciplinario; con Pediatra tratante, Psiquiatra Infantil, quien pueda integrar la farmacoterapia mediación pertinente si amerita, Neuropediatra y Psicopedagogo, según cada caso.

Luego del psicodiagnóstico, puede estar indicada la psicoterapia, promoviendo el cambio en los patrones negativos de pensamiento que caracterizan la depresión, trabajando con el niño y sus distintos sistemas: familia, escuela, amigos, otros referentes y profesionales, y con una perspectiva de prevención en salud, ya que si el niño no recibe atención y tratamiento en esta etapa nos encontraremos con una tendencia a la cronicidad, trastornos de conducta graves, comportamientos violentos y sobre todo riesgo suicida en etapas posteriores de la vida.

Siempre hay que trabajar con la familia, quienes tienen que comprender lo que le está pasando al niño, comprometerse e involucrarse en el proceso psicoterapéutico. Ya que la mayoría de las veces, el niño es el portavoz de algo que está sucediendo en la familia.

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Bibliografía:

  • Asociación Psiquiatría Americana DSM – IV Manual diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales. Barcelona: Masson; 1994.
  • Bleichmar H. La depresión: un estudio psicoanalítico. Buenos Aires: Nueva Visión ; 1978
  • Freud. S, Duelo y Melancolía, Obras completas (trad) J.Luis Etcheverry, Buenos Aires: Amorrortu, 1917 primera reimpresión 1984. Tomo XIV. P 235-55
  • Haley, Jay: Terapia para resolver problemas. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1980 (e.o. 1976).

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Artículo publicado en Sitio de la Red de Psicólogos del Uruguay www.redpsicologos.org; Uruguay Educa; Portal Educativo de Uruguay; ANEP (07/03/2013) y en Revista para padres TATETI (04/06/2012).

Andrea Coppola Zícari

Andrea Coppola Zícari

Lic. en Psicología. Integrante de Equipos Multidisciplinarios del CETP UTU. Formadora del Departamento de Formación de CODICEN. Integrante de la Red de Psicólogos de la Coordinadora de Psicólogos del Uruguay. Psicóloga Educacional. PsicoterapeutaSistémica
Andrea Coppola Zícari

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