No somos iguales y no lo vamos a ser

No somos iguales y no lo vamos a ser
Ilustración: Laura Sandoval

Por Cecilia Baroni

“La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”
Bertolt Brech

Me invitan a escribir para la campaña “#Somos voces y rostros por la igualdad de género” que tiene como objetivo “concientizar a la población de que la igualdad de género sólo puede alcanzarse a través del trabajo conjunto de todos los individuos”.

Me siento tentada a hacerlo porque la invitación llega luego de unas semanas que han sido bastante dolorosas ya que, entre otras cosas, este principio de año en Uruguay, ha estado signado no sólo por el asesinato de nueve mujeres sino por la aparición, con mucha fuerza, de discursos y prácticas que parecían superadas.

También duele el manejo a nivel de las redes, esa especie de ágora virtual que ha sido escenario para todo tipo de comentarios e intercambios. Por momentos, algunos se tornan violentos, por otros están cargados de poca y casi nada perspectiva histórica y social, ni mencionar que la mayoría no toma en cuenta avances de la ciencia (en todas sus formas y colores) o ni siquiera algo como lo que podríamos definir como solidaridad de género. Lo que sí tienen en común es que, en su mayoría, se ve la imposibilidad de ponerse en el lugar del otro, de la otra, dando lugar a pensar que cada uno tiene la verdad en cómo manejarse, en cómo posicionarse.

Y esto reactiva por lo menos dos debates: uno que nos acerca a la disputa por “la verdad” y otro por donde pasan los cambios; si por el ejercicio individual o si por lo colectivo.

Vayamos por partes entonces. Nos encontramos en un momento donde varios sectores pertenecientes históricamente a las minorías (mujeres, loc@s, pres@s, etc) han ido pudiendo salir de la invisibilidad a la que han sido sometidos tanto por su capacidad de organización y a su vez por la posibilidad de generar alianzas, grietas y fisuras en espacios como las universidades, los sindicatos, partidos políticos, etc. Saberes sometidos, en el sentido foucaultiano, que han logrado ir generando un lugar a la vez que algunos desequilibrios frente a otros saberes que se han erigido por mucho tiempo como verdades incuestionables. Nos dice Rose (1996) que “Existen batallas acerca de la verdad en las que la evidencia, los resultados, los argumentos, las experiencias de laboratorio, el estatus y muchos otros elementos se despliegan como recursos en un intento por ganar aliados y lograr que algo ingrese en el campo de lo verdadero”.

Logros que, al menos en los últimos 100 años, han sido fruto de serias disputas llevando, la mayoría de las veces, a tener que soportar maltratos y humillaciones (muertes en muchos casos), acusaciones que nos siguen dando la pauta de las tensiones entre aquello que tenemos enquistado (lo viejo) y aquello que nos incomoda porque se siente como un atentado hacia lo establecido..

“Ya votan, ya pueden estudiar, han logrado entrar en el mundo laboral, ¿quieren algo más?”

En su libro Disneywar, Sandino Nuñez, nos alerta de estar volviendo a la barbarie. Recordemos a José Pedro Barrán dando cuenta en diversas investigaciones del proceso contrario, allá a comienzos del siglo XIX y que lo denominó: de la barbarie a la civilización. Período caracterizado por prácticas como ser el castigo público, el batirse a duelo por honor, los crímenes pasionales. Prácticas perseguidas, controladas y otras que buscaban ser mostradas para aleccionar y mostrar que para ser mejores y civilizados hay que buscar otros caminos que no sean el hacer justicia por manos propias. Sistema que violenta para gobernar, vidas que no tienen nada que perder y la instalación de la violencia como código de convivencia en donde sigue primando “que gane el mejor” o “que gane el más fuerte” Pero ¿quién gana?

 

 

Y vuelvo a las redes, vuelvo a lo que nos produce y a lo que reproducimos (por ejemplo: en este mismo texto) para pensar cómo se diagrama nuestra vida cotidiana y para volver a preguntarnos quién gana.

Es así que tuvimos en este inicio del 2017:

  • Nn pastor haciendo declaraciones por la tv abierta acerca de lo que define como “ideología de género” y su estar en contra de que se use la guía de educación sexual realizada por el Colectivo Ovejas Negras en la enseñanza educación primaria [1]
  • 9 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas a febrero de 2017 y muchos colectivos de mujeres visibilizando el tema lo que, entre el hartazgo declarado por las trabajadoras del Mides y el generalizado malestar, comienza a tomar fuerza la medida de paro internacional para el histórico día internacional de la mujer: el 8 de marzo.
  • Una jueza que impide mediante su fallo que una mujer siga adelante con el proceso de interrupción de un embarazo que no quiere, quitándole su derecho a decidir sobre su cuerpo y sobre su vida según lo establece la Ley 18.987 [2].
  • Con un hombre, que, al ser robado por un joven, lo obliga a desnudarse, a reconocer su “culpa” y a caminar desnudo mientras se lo filma en forma de castigo.

Vemos y sentimos un mundo que se diagrama desde la incomprensión, desde el miedo al otro, donde pensar en términos de igualdad se presenta como una falacia. ¿Igualdad de qué? De derechos dirán algunos, de oportunidades dirán otros. Lo cierto es que muchos luchamos por darle lugar a la diferencia, porque estamos hart@s de siglos de opresión y de procesos de homogenización. No somos iguales, no lo vamos a ser, y cada vez se tienen que ir notando más las diferencias y la diversidad. Y eso nos obligará a seguirnos juntando, cara a cara, como en la histórica marcha del 8 marzo, donde miles y miles mostraron que cada vez más tendremos que luchar porque esas diferencias tengan lugar y ser cuidadosos en no terminar batallando entre iguales: iguales excluid@s, iguales oprimid@s, iguales silenciad@s, iguales olvidad@s.

No seamos masa, ni iguales, porque así corremos peligro de ser parte de eso que a pastores o políticos de turno les gusta acarrear, masas que se dejan llevar por las redes virtuales o por los medios masivos de comunicación. Medios que nos dejan en un lugar pasivo de receptores-consumidores de una realidad que no es más que eso: una realidad creada por la publicidad, el miedo y la nada.

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Referencias:

  1. Conviene ver la nota en la diaria, envíada por Federicio Graña y titulada “La fábula del pastor mentiroso” https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/2/la-fabula-del-pastor-mentiroso Asimismo el colectivo Ovejas negras emitió un comunicado http://bit.ly/2kBwJgV en donde deja claro que esto no es solamente entre “ovejas y pastores”
  2. Ver nota a Julio María Sanguinetti en http://www.montevideo.com.uy/contenido/Sanguinetti-califico-de–ridiculos–los-argumentos-de-la-jueza-Pura-Concepcion-Book-336584 y comunicado de prensa de varias organizaciones en https://www.facebook.com/cotidianomujeruy/posts/1311807378874995:0

Cecilia Baroni

Lic. en Psicología (UdelaR, 2003). Magister en Psicología y Educación (Fac. De Psic. UdelaR, 2013). Actualmente cursando el Doctorado, opción Historia (Fac. HCE, UdelaR). Docente de la UdelaR desde 1998. Actualemente es Profesora Adjunta en el Instituto de Psicología, Educación y Desarrollo Humano, Programa “Formación y relación de los sujetos con el saber: experiencia, orientación y proyectos de vida”de la Facultad de Psicología UdelaR.

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