El mundo transparente de CSI

El mundo transparente de CSI
“CSI: Las Vegas”: CBS (2010)

Por Jorge Pablo Assef

Para empezar:

“¿Podemos abordar la cultura a través del estudio de series televisivas? Esa es la elección que estamos haciendo. Las series estadounidenses son productos culturales diseñados para el público en general. Son transmitidas mundialmente y sus repercusiones son múltiples: afectan la economía, nuestras creencias, la educación, la política y la estética. Puntúan e impactan en el desarrollo de la cultura. Interpretan nuestro tiempo. Incluso participan de la modernidad al señalar los cambios psicológicos y morales en los sujetos. Reflejan los síntomas que están en proceso de cambio, tanto individuales como colectivos. Pero también son verdaderas interpretaciones, y en este sentido siguen el camino de la pulsión por medio de los cambios que han ocurrido en el orden simbólico. Son elementos esenciales para analizar las nuevas formas de la psicopatología de la vida cotidiana. En resumen, podemos decir que las series de televisión nos posibilitan hacer una descripción fiel de las modalidades de goce que están desapareciendo y aquellas que, por el contrario, van emergiendo. Por lo tanto, las consideraremos como expresiones de aquello que Lacan define como discurso” (“Códigos y números”, M-H Brousse, Inédito, la traducción es mía)

Introducción

Este párrafo de Brousse se articula con la idea que tiene Gerard Wajchman, quien considera a la serie CSI una verdadera vidriera de los efectos generalizados de la ciencia dentro de la policía, dentro de nuestras vidas y por ende, del ascenso del ojo absoluto. Los policías científicos son los warriors de la transparencia.

Efectivamente esta serie es un testigo mayor y universal, de que el frenesí científico tomo el poder en el mundo. Esto se despliega en varios dominios, a todos los niveles de la sociedad, e infiltra todos los aspectos de nuestras vidas. Tanto más que, como es una serie de televisión, tenemos a las ciencias de alta tecnología directamente en nuestro living.

Wajchman sostiene “…si no hubiese visto el episodio de Los Expertos que Tarantino dirigió en el 2005, no estoy seguro que hubiera tenido la fuerza de mirar tanto – pero cálmense! No he visto todo y más aún, solo me limité a la serie original, matricial, la veterana series, Les Expertos: Las Vegas (las series que derivaron, como Manhattan, no me interesan tanto y tampoco soporto las playas y los bronceados de Miami). Tarantino me ilumino. Un cineasta, un artista, ha salvado toda la serie –que él mismo adora- aportando una mirada al escalpelo. Su episodio palpitante intitulado “Hasta el último aliento”, es una verdadera autopsia de Los Expertos. Allí también descubrimos la verdad al final, la verdad sobre esos trescientos episodios de una serie que hace de la muerte la madre de toda verdad” (“La verdad en la punta de un hisopo”, G.W. Revista Horizón, Paris, 2012. La traducción es mía)

Plantea Wajchman que en CSI los héroes se ponen guardapolvos y casi ni se mueven de los laboratorios salvo cuando van a la aventura, es decir: recoger una colilla de cigarrillo, un cabello y algún granito de polvo sobre la escena de crimen. Y se habla de héroes! En lugar del revólver en lugar de sacar una Magnum 357, desenfundan su arma suprema: el hisopo! Este sirve para recoger un poco de saliva o un líquido corporal cualquiera. El ADN, es decir, la verdad está ¡en la punta del hisopo! Como dice Wajchman.

 

 

Capítulo de CSI: Grave Danger

Síntesis:

El oficial Nick Stoke va a trabajar a un lugar donde se encontró una extraña pista criminal, viseras, allí es secuestrado, y toda la división de policía forense en la cual trabaja se pone al servicio de buscarlos. En el lugar de donde es secuestrado solo queda un vaso de plástico en una bolsa sellada como si fuese una prueba forense.

El secuestrador duerme a Nick, lo coloca en una especie de ataúd de cristal, luego lo entierra, pero pone entre la tierra y los vidrios un sistema de reflectores, parlantes y cámaras. Cuando Nick despierta adentro del cajón encuentra una grabación: “Hola Chico CSI, por qué estás aquí, porque seguiste la evidencia, eso hacen ustedes, siguen las evidencias. Respira despacio porque vas a morir aquí”.

El secuestrador envía un pen-drive a la división de crímenes con un programa que al ser instalado en la computadora permite que los agentes de la división accedan a las cámaras que muestran a Nick en su ataúd de cristal. Al encender la cámara cliqueando sobre la palabra “mirar” se encienden las luces, la división puede ver como Nick va agotando el oxígeno pero no tienen indicios para rescatarlo.

El secuestrador pide un millón de dólares, lo consigue, el jefe de la división se lo lleva al lugar indicado, allí habla con el secuestrador, que le pregunta que siente él cuando ve a Nick enterrado vivo?, “Cómo se siente sabiendo que no hay nada que pueda hacer para sacarlo de ese infierno?. Indefenso, impotente?, bienvenido a mi mundo” luego el secuestrador activa la carga explosiva que lleva en su cuerpo y se hace explotar él mismo. El director muestra detalladamente como queda el lugar, digamos: repleto de evidencia para los agentes de CSI, lleno de sangres, viseras, restos humanos.

Finalmente los agentes descubren que se trataba del padre de Kelly Gordon.

Kelly fue condenada a 5 años de prisión por cómplice de asesinato. En la escena del crimen se había encontrado un vaso de café con el ADN de Kelly y esa fue la prueba que la condeno, Kelly alegó que ella acompaño a un amigo a visitar a otro, que este le disparo y ella al salir corriendo tiro el vaso, pero su ADN en el vaso encontrado fue más fuerte que su palabra. Ese vaso hablaba el único lenguaje que la ciencia entiende. Y por eso el secuestrador dejo ese vaso de plástico al secuestrar a Nick.

Cuando los oficiales van a interrogar a Kelly a la cárcel ella dice “Fue mi palabra contra un vaso”.

Los oficiales siguen buscando y mirando como Nick va asfixiándose, desesperándose, llora, gime, comienza a ser mordido por hormigas que invaden la caja de vidrio… la mirada está presente todo el tiempo, el ataúd invisible representa nuestra era de la imagen, nuestro empuje a no dejar de mirar ni Siquiera lo peor. Tarantino lleva eso a la parodia, hace cámaras microscópicas, transversales en el organismo, lo muestra todo (fiel a su estilo), y pone una secuencia como una ensoñación de Nick, el personaje imagina su propia autopsia, fantasea como abrirán su cuerpo y extirparan sus órganos para estudio.

Lo que este capítulo de CSI muestra es que los científicos tienen la seguridad de la gente respaldada en el saber, nada de discursos ni de teorías: un saber cuantitativo, cifras despachadas por las maquinas después del análisis. G.W. cree que quizás es eso lo que les gusta a los espectadores, el laboratorio, una visión del mundo con certezas. En el exterior, fuera de los laboratorios, en el mundo real todo es incierto, de pronto todo es inquietante, amenazador, peligroso. La política perdió su dirección, en cuanto al amor, se navega siempre ciegos. Los sujetos deben afrontarse a la impotencia crónica de los hombres. Mientras que en el crime lab, se pone orden al desorden del mundo (el crimen es el más grande desorden) y allí, al menos, se trabaja sobre algo seguro. Y la cosa funciona. Ninguna duda, ningún cambio de humor, ninguna discusión, ningún desorden. Estamos en el One Hundred Percent. Eso asegura. Hasta hoy, CSI es una gran serie política.

Podemos ver a través de los procedimientos que utilizan los protagonistas que no se conversa. Porque los únicos elementos seguros, son las cosas mudas, inanimadas y los cadáveres, que también son cosas. Se abren los cuerpos frente a nuestros ojos, incluso entramos adentro gracias al ojo de la cámara, exploramos todos los rincones, se corta el hígado que se tira en la balanza, etcétera. Las historias policiales de hoy se han vuelto una especie de “Thanatoramas”[1] que marcan el triunfo de los médicos legales y, junto a ellos, el de los maquilladores, protesistas de látex y especialistas en efectos especiales.

El cajón de vidrio y con luces y cámaras y la escena de la autopsia:

Dice G.W.: “Lo que me llama la atención, es que los cuerpos son explorados sin límites: el de la piel – desde ahora el ojo absoluto atraviesa sin tener en cuenta los límites de esta frontera visible que anteriormente separaba de manera impermeable el adentro y el afuera-, y también el límite de la cultura y de la civilización. Los cadáveres son mostrados sin velo (salvo los órganos genitales que no se ven nunca), sin distancia, incluso sin respeto, las tripas al aire, sin el límite de lo sagrado que aun rodeaba la exposición de los muertos. Se muestra todo, todo lo que se puede ver.”, (“La verdad en la punta de un hisopo”, G.W. Revista Horizón, Paris, 2012. La traducción es mía).

La mujer que esta presa injustamente sólo por su ADN:

Wajchman sostiene: “Lo que llamé la policía de los muertos, es también la policía del silencio. De hecho, pueden ver en la serie que las escenas más importantes – en donde son puestos en marcha las tecnologías, las máquinas de análisis, – esos momentos son completamente mudos, solo hay música de fondo. Ni una palabra, es un gran homenaje al cine mudo. Ni una sola voz que venga a explicarnos lo que vemos. Lo cual es realmente irónico, ya que esta serie que no se funda sobre la palabra, ni sobre la inteligencia o la intuición de los investigadores, ni sobre el arte de los detectives sino sobre el saber científico, es una serie en la que curiosamente no se aprende nada”, (“La verdad en la punta de un hisopo”, G.W. Revista Horizón, Paris, 2012. La traducción es mía).

El autor luego pasa a otra serie, Lie to Me, en ella el Dr. Lightman (que nombre!) aparece como un detector vivo de mentiras. La palabra no es más que mentiras. Es decir, que en esa serie los sujetos hablan, pero su verdad está por fuera de la palabra, está en el cuerpo. Entonces G W. Explica: “Es decir que el Amo en mentiras es un supuesto descifrador de verdades pero únicamente a través de la mirada. Aquí, de nuevo, el ojo ha tomado el poder. Por cierto, en el decorado de los locales de la empresa del Dr. Lightman, a parte de la abundancia de pantallas, hay una especie de jaula de vidrio central en donde los sospechosos son observados”.

La tesis de Lie to Me es la misma que funda la teoría del Dr. Gregory House: el sujeto miente, todo sujeto miente, pero el cuerpo dice la verdad. Con esta historia de micro-expresión, usted puede decir la verdad, pero si no la vemos en la imagen de su cuerpo, no cuenta. La palabra esta forcluida. Ella es solo el ruido que el hombre hace son la boca. Solo hay lenguaje del organismo.

Además hay que agregar que Lie to Me es la paradoja del actor en la época de los psicólogos expertos. Hay que tomar en cuenta la tesis de esta serie en toda su amplitud y sus consecuencias, ya que esta tesis significa no solamente que la palabra puede mentir, sino también que la palabra es por esencia mentirosa. De la misma manera, esto significa, que no solamente el cuerpo traiciona la verdad sino que el cuerpo muestra siempre la verdad y más aún, que la verdad se muestra únicamente allí. La verdad está en el cuerpo, más precisamente, en la imagen del cuerpo. Es aquello que hace de Lie to Me un derivado de CSI. Grissom, el jefe del crime lab dice: “los índices materiales no pueden mentir”, y el Dr. Lightman dice: “El cuerpo no puede mentir”. Desde este punto de vista, el Dr. Lightman y el Dr. Robbins, el legista de CSI, dirían lo mismo. La diferencia es que el médico legista va a ver la verdad sobre el cuerpo muerto, y el experto en detección de mentiras la ve sobre un cuerpo vivo y sin sus manos, sobre el rostro, en los comportamientos, las expresiones, en la imagen en movimiento. La imagen del cuerpo dice la verdad. El buen Dr. Paul Eckman es verdaderamente la antípoda de Lacan.

 

 

La salvación por la ciencia

Si analizamos la mayoría de las películas taquilleras de hoy podemos reconocer que la verdadera apuesta a la solución contra cualquier problema es la ciencia. Sin ir mas lejos Guerra Mundial Z, cuando la epidemia zombi se desata no recurren a la religión, es el fin del mundo, la humanidad va a desaparecer y la apuesta en la ciencia.

Diríamos con Miller: “Todo esto es coherente e implica un culto a la ciencia ante el cual retrocede incluso nuestro catolicismo conquistador (…) ese culto a la ciencia se denomina cientificismo”[2]. Efectivamente, como ya declaramos muerto a Dios, nos queda la ciencia, paradójicamente aquí está germen de lo que Lacan anunció como “El triunfo de la Religión”.

En su escrito “La Tercera” Lacan dice que aquello que nosotros vemos y conocemos de la ciencia son sus gadgets, los objetos que la ciencia posibilita a partir de sus investigaciones, objetos que luego el mercado pone en circulación. Por lo tanto los verdaderos efectos que producirá la expansión científica aún no los conocemos.

Sobre este eje se producen gran parte de las series y películas actuales, y sobre este eje es que Miller plantea el horizonte del psicoanálisis cuando en su propuesta argumental para el próximo Congreso de la Asociación Mundial del Psicoanálisis plantea: ”Capitalismo y ciencia se han combinado para hacer desaparecer la naturaleza, y lo que queda del desvanecimiento de la naturaleza es lo que llamamos lo real (…) Se toca a lo real por todos lados según los avances del binario capitalismo-ciencia, de manera desordenada, azarosa, sin que pueda recuperarse una idea de armonía”[3].

Pero lo que Lacan advierte y verificamos es que finalmente cuando la ciencia comienza a mostrar los efectos de su discurso: que el orden natural no existe sino que es contingente, cuando la ciencia abre ese agujero en el sentido tradicional del saber sobre la naturaleza, viene el discurso de la religión a reclamar “No toquemos el orden de la naturaleza”, a colmar de sentido el agujero que la ciencia abre, y éste sería el triunfo de la religión.

En ese marco el psicoanálisis tiene otro lugar, como explica Graciela Brodsky: “La ambición de Lacan es que el psicoanálisis, producto de la ciencia, sea al mismo tiempo el discurso que demuestre su límite porque, allí donde la ciencia encuentra saber en lo real, el psicoanálisis debe verificar el saber que falta, probar lo imposible por medio de lo contingente”[4].

¿Cómo termina el capítulo “Grave Danger” de CSI?

Finalmente logran encontrar a Nick, pero descubren que para sacarlo deben resolver la carga explosiva que esta puesta bajo el ataúd. Nick está desesperado, y sin oxígeno, deben calmarlo para explicarle que cuando abran el cajón para que pueda respirar no debe moverse porque explotará, ¿cómo logran calmarlo?, su jefe le habla a través del vidrio, le grita, pero Nick no escucha, golpea el vidrio y llora, entonces su jefe le grita “Pancho!”, esa palabra detiene el llanto de Nick, Pancho era el nombre con el cual sus padres lo nombraban de niño.

Es interesante, al final, los científicos más expertos del planeta, con la máxima tecnología, necesitan de un instrumento adicional para actuar sobre el factor humano, el que no podían controlar con otra cosa, esa herramienta es finalmente: la palabra.

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Referencias:

  1. Web-documental sobre el mundo funerario.
  2. Miller, J-A (2013): Piezas Sueltas, Paidós, Bs As., p.320.
  3. Miller, J-A (2012): “Presentación del tema del IX Congreso de la AMP”: URL: http://www.congresamp2014.com/en/template.php?file=Textos/Presentation-du-theme_Jacques-Alain-Miller.html.
  4. Brodsky, G. (2013): “Contra la illusion religiosa” URL: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/21-40247-2013-08-22.html

Jorge Pablo Assef

Psicoanalista. Dr. En Semiótica.
Miembro de la Esc de Orientación Lacaniana, de la Asoc. Mundial del Psicoanalisis. Del Centro de Investigaciones y Estudios Clínicos de Córdoba. Docente de la Universidad Nacional de Córdoba, coordinador académico de la Maestría en Teoría Psicoanalítica Lacaniana. Autor del libro "La Subjetividad Hipermoderna".

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