Mente quieta VS. Mente en equilibrio

Mente quieta VS. Mente en equilibrio
Foto: freestockpro.com

Por Daniel A. Fernández

Antes de profundizar en el tema, sería conveniente que aclarásemos cierto concepto. Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra “mente” significa: “potencia intelectual del alma, designio, pensamiento, propósito, voluntad”. También el mismo diccionario explica dicho término como el “conjunto de actividades y procesos psíquicos conscientes e inconscientes, especialmente de carácter cognitivo”. En este artículo nos referiremos a la mente como a nuestra parte más auténtica y más propia, debido a que es gracias a ella que podemos percibir y ser conscientes de nosotros mismos y de todo cuanto acontece. En dicho sentido, incluso, bien podríamos simplificar y afirmar que somos nuestra mente.

Todos o casi todos, en alguna u otra oportunidad, habrán escuchado hablar de la importancia de aquietar la mente. Este concepto, que tiene sus raíces en filosofías orientales, las que han brindado invaluables aportes al promover actividades como la reflexión y la meditación, no deja de ser una idea controversial. De hecho, quien tenga años de práctica meditando, sabrá que no se trata de colocar la mente en blanco sino, en todo caso, de procurar no emitir juicios u opiniones sobre las imágenes mentales que inevitablemente se harán presentes. ¿Puede acaso la mente vaciarse de su contenido? Por supuesto que no. La mente y su contenido son una misma cosa. Una mente sin contenido deja de ser tal. El equivalente a una mente quieta sería reflejado en un electroencefalograma (registro de la actividad eléctrica del cerebro) por una línea recta, lo cual equivaldría a diagnosticar la muerte cerebral. De hecho, un importante pensador como lo fue Krishnamurti, respondiendo en cierta oportunidad a quien lo entrevistaba, no dudó en afirmar: “Usted no puede aquietar su mente, porque usted es su mente”.

Definitivamente nuestra mente puede mostrar mayor o menor actividad; pero incluso continúa procesando información cuando dormimos, lo cual se hace evidente en la diferente producción onírica resultante. Por ello es relevante descartar este concepto de “mente quieta”, dado que encarna en sí mismo una falacia. Sí, en cambio, sería prudente reemplazarlo por el de “mente en equilibrio”. ¿Entre qué y qué? Entre aspectos racionales y emocionales, entre instancias conscientes e inconscientes, entre variadas áreas en conflicto que mantienen entre sí una dinámica constante.

No es lo mismo hablar de quietud (pasividad absoluta) que utilizar el término “equilibrio”. Este último implica un interjuego entre fuerzas contrapuestas, con el único fin de lograr cierta armonía. Y puede que, en ocasiones, la misma se asemeje al estado de reposo. Pero no será tal, sino apenas una falsa quietud producto de fuerzas en tensión hábilmente compensadas. Al igual que el océano, la mente puede a veces mostrar en su superficie una tormenta o una mansedumbre sorprendente, pero siempre en la profundidad existirán corrientes que habrán de continuar interactuando.

Daniel A. Fernández

Daniel A. Fernández

Lic. en Psicología. Autor de los Libros “¿SERÁS LO QUE DEBAS SER? - Un enfoque psicológico para acercarnos a la felicidad” y “SAPOS Y CENICIENTAS - Una mirada psicológica sobre las problemáticas del amor” de Ediciones Urano.
Daniel A. Fernández

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