Cuándo ser madre y padre: ¿una elección libre?

Cuándo ser madre y padre: ¿una elección libre?
Foto: Freestock

Por Claudia López

La maternidad y paternidad suelen ser objetos de estudio pues son experiencias vitales que atraviesan la vida de cualquier ser humano, dejando huellas imborrables que cambian las fibras más profundas de nuestro ser. Podemos abordar la temática desde una mirada antropológica, social, psicológica y/o biológica. Estas miradas pueden ayudarnos a empezar a comprender la experiencia, aunque su complejidad sea tan grande como su antigüedad. Es una actividad presente desde el inicio de nuestra especie y la que garantiza nuestra supervivencia.

Distintas madres y distintos padres han dado forma a nuestra sociedad actual, con estilos de crianza que se han ido adaptando a las épocas y realidades socioculturales de cada momento. Sin embargo, en las últimas décadas se ha dado un fenómeno novedoso que ha alterado la vivencia de la maternidad y paternidad: el control de la natalidad.

Hasta hace no muchos años, la sexualidad y la maternidad estaban estrechamente vinculadas. Si una mujer quería disfrutar de su sexualidad, eventualmente quedaría embarazada. Era una realidad que confinaba a la mujer al ámbito hogareño, destinando su tiempo al cuidado de niños. Las mujeres con otros proyectos de vida se veían forzadas a resignar su maternidad.

El control de la natalidad -elegir cuando quiero ser madre/padre- ha habilitado profundos cambios sociales, entre ellos, nos vende la fantasía de la libertad: creemos que podemos elegir el mejor momento para introducirnos en la experiencia de ser padres.

A partir de esta idea podemos pensar en distintas preguntas: ¿Cuál es el comportamiento frente al control de la natalidad? ¿Nos estamos convirtiendo en padres añosos? Si así fuera, ¿Cuáles son las posibles consecuencias bio-psico-sociales? Y finalmente, ¿somos realmente libres de escoger cuando ser padres?

En Uruguay entre 1978 y 2011, la edad media al nacimiento del primer hijo aumentó apenas un año: de 23,7 a 24,7 años. A simple vista podemos llegar a creer que no hubo grandes movimientos. Sin embargo, al desglosar los números, encontramos una fuerte tendencia en distintas franjas etarias. En primer lugar, se observa que cada vez menos mujeres entre 20 y 30 años tienen su primer hijo. El movimiento se produjo hacia las primeras franjas y hacia las últimas, es decir, el nacimiento del primer hijo tiende a suceder antes de los 20 años, o luego de los 30. Este no es el único dato que llama la atención: otra variable significativa está vinculada al nivel educativo de la mujer. Estadísticamente las mujeres con secundaria completa y/o educación terciaria tienen su primer hijo luego de los 30 años. Por otro lado, existe una franja de adolescentes que no finaliza secundaria y su primer hijo nace antes de cumplir los 20 años. Asimismo, el porcentaje de mujeres que a los 49 años no ha tenido hijos, aumentó de 11% en 1996 a 16% en 2011. Vale aclarar que desconocemos si este aumento se debe que estas mujeres no han querido tener hijos, o que cuando quisieron, no pudieron hacerlo.

Existe distinta bibliografía que aborda la temática y explica dicho comportamiento en función de la diversidad de proyectos personales que las mujeres actuales pueden desarrollar. La vida social y laboral, avanzar académicamente, tener otras experiencias de vida son hoy en día opciones para la mujer. Resulta interesante reflexionar sobre este comportamiento, en tanto nuestra sociedad prioriza la agenda social dándole mayor valor al ámbito profesional y laboral que a la agenda reproductiva. Los jóvenes y adultos actuales entienden que es más conveniente postergar la maternidad/paternidad en pos de lograr otros objetivos personales, pero en raras ocasiones nos planteamos o cuestionamos los efectos socioculturales de esta decisión.

 

 

Desde el punto de vista fisiológico, los 35 años parecen ser un punto de quiebre en el cuerpo de la mujer. La concepción puede comenzar a tornarse más difícil con el correr de los años, lo que explica el gran aumento de tratamientos de fertilidad en nuestro país. Asimismo, el embarazo es una experiencia muy demandante para el cuerpo, que requiere muchos cambios y exigencias físicas. Por esta razón, los controles médicos son más cercanos y se procuran otros cuidados. Al momento del nacimiento nos enfrentamos a mayores riesgos, tanto para el bebé, como para la madre. Suelen ser nacimientos más intervenidos, en muchos casos se dan de forma prematura y a veces hay complicaciones neonatales. Esta realidad hace que haya mayor separación mamá-bebé con las consecuencias que implican para el establecimiento de la lactancia y del apego. ¿Esto significa que todas las mujeres luego de los 35 años tendrán dificultades en su maternidad? Claramente no. Con seguridad el lector pueda encontrar experiencias cercanas en las que el embarazo y el nacimiento se dieron sin dificultades en mujeres en este rango de edad. Lo que nos dicen las investigaciones es que estadísticamente se presenta un número más elevado de casos. Si esto lo proyectamos en el correr de los años, nos encontramos con que el número de bebés que nacerán con dificultades irá en ascenso, con sus consecuencias en el desarrollo y en los futuros adultos.

Alterar la agenda reproductiva también tiene efectos desde el punto de vista emocional, y esto es tan sencillo como que el cansancio a los 24 años no es el mismo que a los 40. La disponibilidad para el cuidado de un recién nacido, así como la exigencia física, entre otros múltiples elementos, va a variar de acuerdo a la edad del adulto a cargo. La naturaleza diseñó el cuerpo humano para sostener estas exigencias a una edad más temprana.

Todos estos elementos que mencionamos son variables que podemos controlar. Pues una embarazada de más de 35 años, con un adecuado control obstétrico tiene grandes posibilidades de buenos resultados neonatales. Asimismo, el apoyo social puede ser altamente positivo para reforzar las prácticas de cuidados y así alivianar el cansancio. Sin embargo, quisiera reflexionar sobre otra variable, y es la fantasía de tener la libertad de elegir. ¿Acaso las mujeres de hoy no tenemos el mismo dilema que nuestras abuelas? Parece que estudiar y avanzar profesionalmente no son compatibles con la maternidad. Sólo que actualmente tenemos la posibilidad de postergarla, pero ¿a qué costo?

Criar y ser criado es un derecho humano, de padres e hijos. Implica poder hacerlo en las mejores condiciones, tanto físicas, como emocionales y sociales. Pero parece ser un derecho olvidado. Dedicamos millones de pesos en propuestas y programas para la primera infancia, y no dedicamos tanto a quienes cuidan a esos niños: los padres. ¿Cuáles son las políticas, cuáles son las estrategias, las prácticas sociales que muestran la importancia de apoyar a los padres en la crianza?

Pensemos en otros países, en los que tanto la madre como el padre tienen varios meses de licencia luego del nacimiento del hijo, y que una vez reincorporados, tienen asegurado su puesto laboral. Estas experiencias nos muestran cuán atrasados estamos en políticas públicas que protejan, cuiden y sostengan a los cuidadores.

Sin embargo, parece muy cómodo quedarnos únicamente en la reflexión de las políticas públicas, y pensemos en el día a día. ¿Qué pasa si mi compañero de trabajo falta o reduce su horario para cuidar a su hijo? ¿Es algo que celebro y apoyo? ¿Qué pasa si mi compañera de trabajo se ausenta para extraerse leche materna? ¿Hago su parte del trabajo con entusiasmo?

Tomar conciencia de que el tiempo de crianza es fundamental para la construcción de los futuros adultos, es vital para tomar decisiones conscientes y responsables. Si tengo las mismas condiciones de maternidad/paternidad a los 15, 20, 30 o 40 años, entonces estaré eligiendo con mayor libertad la edad en la que quiero ser padre. Postergar la crianza es una muestra de la sociedad actual, de sus valores y deficiencias. Poder vivir la experiencia de la maternidad y paternidad sin tener que sacrificar de forma permanente otros proyectos, será el desafío de las próximas generaciones.

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Bibliografía:

Claudia López

Claudia López

Licenciada en Psicología en la Universidad de la República. Consultora de Lactancia Internacional Certificada (IBCLC). Educadora de Parto Lamaze (LCCE). Coordinadora académica del Instituto Uruguayo de Lactancia Materna - www.iulam.org.uy -
Trabajó en organizaciones públicas y privadas que se desarrollan en el área perinatal, coordinando áreas de lactancia y puerperio. Trabaja en forma particular con mujeres y sus familias en el apoyo en el embarazo y puerperio.
Autora de diversos artículos publicados en la revista "Mamá&Bebé" y el suplemento "Tu Bebé" del Diario "El observador" Autora del libro "Ser mamá: Ilusión y Desafío" (2014) y "Dar de mamar. Manual práctico de lactancia materna" (2015) de Editorial Planeta.
Docente de la Formación de Doulas de ANDOU y de la Diplomatura en Lactancia de la Universidad Católica del Uruguay.
Claudia López

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