Juguetes, género y violencia doméstica

Juguetes, género y violencia doméstica
Ilustración: Laura Sandoval

Por Juliana Craigdallie Allende

Cada año abrigo la esperanza que se lance una campaña gubernamental para sensibilizar a la opinión pública sobre lo dañino de los estereotipos de género en la infancia, y nunca llega. Con el inicio de las clases, el Día del Niño, Navidad y Reyes, las vidrieras y las góndolas se visten de rosado y violeta para exponer muñecas tan platinadas como anoréxicas. Si es azul y negro, es un muñeco destructor o un robot siniestro. Tan dañinas las unas como los otros.

Nuestro país, signatario de tantos instrumentos jurídicos que protegen a la infancia, sigue durmiendo la siesta. Los folletos comerciales son desde que tengo memoria. Los juguetes sexistas son ley: muñecas y mini electrodomésticos para ellas, autos y juguetes violentos para ellos. ¿Sorprende que la violencia doméstica golpee a diario? Adolescentes pintarrajeadas de mujeres semi desnudas ocupan la publicidad más lóbrega, los nenes juegan a matar o robar, y las nenas a vestir Barbies o decorar tortas. De ahí al golpe y la sumisión, sólo falta que el inexorable paso del tiempo y las conciencias dormidas hagan su trabajo. Punto y aparte.

Del otro lado de la vereda, las mujeres políticas uruguayas son avasalladas por sus propios compañeros de partido, quienes buscan desesperadamente los vericuetos legales para escamotearles los derechos sufridamente ganados. Ellas, así como las escasas mujeres en altos cargos gerenciales, tanto a nivel público como privado, conocen de primera mano el “techo de cristal”. El gabinete ministerial, los órganos rectores de los partidos políticos, y los directorios de los entes son predominantemente masculinos. Alemania, Reino Unido, Israel, Costa Rica, India, Argentina, Brasil, Nicaragua, España y Chile, por citar algunos ejemplos conocidos, tienen o han tenido mujeres jefas de gobierno, primeras ministras, y/o gabinetes paritarios. Estamos más que lejos de esas realidades.

 

 

A primera vista, se diría que los juguetes y la política no se tocan. Sin embargo, y desde una mirada crítica y transdisciplinar, hay una intensa relación. Entre la escoba de juguete y el video juego de asesinos. Entre el limpiador que transforma a la madre y a la hija en princesas de la higiene, y al padre y al hijo en seres felices que llegan a la casa limpita. Entre las niñas criadas para ser dominadas, y los niños criados para dominar. Entre la obediencia y el poder, la sumisión y la violencia. Vuelo directo, sin escalas.

El famoso genérico “el niño” es absolutamente obsoleto en lo concerniente a los Derechos Humanos. El sexo femenino es más de la mitad de la población mundial. O sea, el genérico es femenino. Para ejemplo alcanza con el tradicional Día del Maestro: ¿cuántos maestros conocen ustedes? Desde el propio gremio se dice “Nosotros, los maestros” o “nuestros alumnos”, “nuestros niños”.

La Primera Infancia es la cuna de los Derechos, y éstos se ganan en las urnas o a los codazos. Las niñas y los niños no votan ni redactan proyectos de ley. Simplemente, no cuentan en el padrón electoral. Sin embargo, ellos son el capital social del Uruguay, el pan nuestro de cada día. Urge que los adultos los respetemos, credencial en mano y hombro contra hombro.

Con sus derechos, no se juega.

Juliana Craigdallie Allende

Juliana Craigdallie Allende

Licenciada en Ciencia Política. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República. Master en atención temprana, doble titulación Universidad de Málaga- Universidad Católica del Uruguay. Prácticas en Centro de Diagnóstico Infantil y Atención Temprana “Dr. Miguel de Linares Pezzi” de la ciudad de Málaga, y seminarios en la Universidad de Málaga, España.
Juliana Craigdallie Allende

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